
Tendemos a creer que podemos cambiar algo simplemente por saber qué es lo correcto.
El crecimiento personal, la responsabilidad de cada uno de nosotros y de nosotras a lo largo de nuestro propio camino, no es una cuestión de imitación —por bueno que consideremos un modelo— o aprendizaje, sino más bien un proceso de decapado hasta llegar a lo más fundamental, a lo realmente sustancial de cada una de nosotras. Pues no alcanzamos la coherencia siguiendo unas ideas prefijadas, por ideales que éstas puedan resultarnos, sino que practicamos la coherencia escuchándonos a cada momento.
Conocerse a una misma requiere presencia, y una mirada atenta y profunda capaz de penetrar a través de ideas prestadas y preconcebidas, así como de miedos adquiridos o creencias arraigadas.
«¿Puede la mente estar libre de la autoridad, lo cual significa estar libre del miedo, y por tanto, perder el interés por seguir a alguien? De ser así, eso pone fin a la imitación, la cual se vuelve mecánica. Al fin y al cabo, la virtud, la ética, no son una repetición de lo bueno. En el momento en que se vuelve mecánica, deja de ser virtud.»
Jiddu Krishnamurti.
No es lo mismo que alguien te diga que cuando entras en un proceso rumiativo estás experimentando un patrón limitado y obsesivo que no te deja ver más allá, y te brinde unas pautas con las que poder detenerlo, a que te pregunte:
¿Qué está pasando cuando me repito una y otra vez “soy idiota” por algo que hice o que dejé de hacer? ¿Estoy asumiendo un error, o estoy evitando sentirlo?
¿Qué ocurre cuando racionalizo lo vivido en lugar de sentirlo? ¿Estoy experimentando mi vulnerabilidad, o la estoy evitando?
No es lo mismo aprender que trascender, tampoco lo es oponerse a algo que integrarlo. El aprendizaje como una respuesta que adquiero en una situación concreta y que luego aplico a todas las situaciones dadas es condicionamiento. Para crecer, sin embargo, es necesario experienciar, dejarme permear por las vivencias sin tratar de elegir ante cuáles me rindo y ante cuáles prefiero anestesiarme. Y para experienciar es más importante dar con una pregunta que me haga de espejo, que recriminarme.
Conocerse a uno mismo es un proceso de re-integración, de regreso a lo que uno ya es, por mucho que se haya perdido en interpretaciones y formas adquiridas fragmentándose hasta perder el sentido, hasta el punto de pasar a vivir y actuar de maneras que nada tienen que ver con lo que uno siente, causando un sufrimiento evitable. Casi desconocido, pero constante.