No si entendemos la terapia como un tratamiento destinado a solucionar problemas de orden psicológico o enfermedades, con el fin de alcanzar el bienestar de la persona. Sin embargo, este concepto también abarcaba en su origen el cuidado en sí mismo o la atención y la transformación propias.
El acompañamiento filosófico sapiencial no acude a categorías clínicas ni concibe su práctica filosófica como un medio para alcanzar fin alguno sino que la radica en el amor genuino y desinteresado por la propia verdad, lo que sin duda tiene repercusiones sanadoras, además de un efecto profundamente transformador, recuperando en este sentido su función terapéutica originaria como arte de vida.